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Roger Armengol

Creer en Dios
o creer en Jesús

Aldo Conti y las memorias secretas
del cardenal Martinetti

© Roger Armengol, 2017

© Ediciones Carena-Acidalia, 2017


c/Alpens, 31-33

08014 Barcelona

Tel. 934 310 283

www.edicionescarena.com

info@edicionescarena.com


Diseño de la colección: Silvio García-Aguirre
www.cartonviejo.net
Diseño de la cubierta: Rocío Morilla

www.rociomo.com

Maquetación: Rocío Morilla


ISBN: 978-84-16843-60-2


Bajo las sanciones establecidas por las leyes,
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NOTA PREVIA

El manuscrito de este libro se acabó de escribir a finales de 2012, antes de la renuncia al papado de Benedicto XVI. Los nombres y el carácter de los personajes descritos en el libro no se han modificado desde entonces.

ÍNDICE

1. Información para el lector, de Elisabetta Martinetti

...

1
Información para el lector,
de Elisabetta Martinetti

El día en el que se abrió el testamento de mi tío Carlo Martinetti, el notario me entregó una cartera de mano cerrada con un pequeño candado y un sobre a mi nombre.

La carta que contenía aquel sobre me rogaba que, al cabo de diez años de su fallecimiento, se publicaran las memorias que estaban en la cartera cerrada. Han pasado estos años y llegó el momento de cumplir el deseo de Carlo Martinetti.

Mi tío, en el verano del año 2040, había pasado unos días de vacaciones con su entrañable amigo Aldo Conti. No era el primer año que se reunían en agosto, pero aquel verano sucedió algo muy importante para Carlo y quiso poner por escrito las conversaciones que tuvo con su amigo.

En dicha carta me contaba que, en aquellas vacaciones, durmió poco. Antes de acostarse tomaba notas en extenso de lo hablado con Aldo y, cuando acabaron los días pasados en común, en seguida se puso a escribir el manuscrito, para evitar que se le disolviera la memoria de los detalles de sus conversaciones.

También me explicaba que dudó sobre la forma de hacerlo. Al principio pensó que haría un resumen de lo dicho por Aldo y por él. Finalmente, decidió escribir en forma dialogada lo que hablaron, le pareció que era la mejor manera de expresar cómo se dieron aquellas conversaciones. Es claro que se trata de la reconstrucción de un diálogo y no puede pensarse que la forma sea literal. No obstante, tío Carlo me expresaba en su carta que las opiniones expuestas correspondían exactamente a la realidad.

En el texto hay algunas reiteraciones que, seguramente, se produjeron en aquellas conversaciones, pero que no desmerecen el manuscrito. Quizá Carlo Martinetti decidió que era importante repetir algunas cosas y no me he permitido mejorar el escrito.

Yo conocía desde hacía algunos años a Aldo Conti. Era una persona muy estimable, inteligente, muy culto y, por encima de todo, de una gran bondad, siempre muy respetuoso y atento con todo el mundo.

Precisamente, aquel verano estuve con ellos un día que ahora puedo rememorar. Hablamos de música y de literatura, como casi siempre que me encontraba con ellos. Por lo que veo, al leer estas memorias, mi tío recogió con gran precisión el pensamiento de su amigo y el mío. Tuvimos una cena sumamente agradable y muy interesante para mí. Aquella noche no advertí nada especial, Aldo y Carlo hablaban, como de costumbre, con animación y gusto, y en ningún momento pensé en lo que luego he podido saber al leer lo que ahora se publica.

La primera vez que leí estas memorias supuse que mi tío quiso mantener en secreto ―durante años― aquellas conversaciones, debido a las opiniones que Aldo expuso en aquella ocasión, pero una lectura ulterior me ha llevado a pensar que su cautela y prudencia no se debía solo a las opiniones de su amigo, sino también a sus propias opiniones.

Las memorias se publican tal como las dejó mi tío. Únicamente, por consejo del editor, pongo título al libro y a los capítulos que corresponden a las conversaciones de cada uno de los días.

Los títulos recogen lo que se trató con mayor detalle o merece más atención, y se puede comprender que algunos días se hablara de varias cosas.

En el capítulo correspondiente al primer día, al que he titulado «La bendición», también por consejo del editor, escribí una nota a pie de página para aclarar lo que significa preambula fidei.

Asimismo, deseo informar que, después de aquellos días de 2040, tío Carlo me preguntó, en dos momentos diferentes, si mi condición sexual era conocida, si se había hecho pública. En ambas ocasiones le respondí que así era. Ahora comprendo por qué quiso estar completamente seguro de que fuese de este modo.

La lectura de estas memorias, al conocer bien a la mayoría de las personas que aparecen en ellas, todas inteligentes, me lleva a pensar que es un escrito sobre la honestidad intelectual, la bondad y la belleza.

Elisabetta Martinetti Ripalmandi

Roma, septiembre de 2065

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